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La enseñanza del derecho constitucional

El momento político actual en el que vivimos suscitó un gran mea culpa durante el workshop “Entre el científico y el político: la renovación de la enseñanza del Derecho Constitucional a los cuarenta años de la Constitución”, realizado en la Facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona el 26 de enero de 2018.

 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

¿Qué y cómo hemos (y estamos) enseñando?

 

Socialmente hay quienes consideran un fracaso la Constitución de 1978, pues nos ha conducido hasta la situación que estamos viviendo, especialmente por el archiconocida “cuestión catalana”.

Ayer, durante el workshop, la atmósfera que se fue forjando fue de responsabilidad. No es la Constitución quien nos ha llevado donde estamos. Quizás hemos sido los constitucionalistas quienes no hemos sabido transmitir a nuestros ciudadanos el valor esencial de nuestra Carta Magna. Abogados, asesores políticos, politólogos, jueces, abogados del estado… Todos ellos han pasado por nuestras facultades. Incluso muchos de nuestros políticos. ¿Qué ha sucedido?

 

Pero, ¿y los medios de comunicación? La mayoría de ellos nunca habrían tocado una Constitución hasta la aplicación del artículo 155. Probablemente, nadie les habló durante sus 4 o 5 años de estudios acerca de la transición política, de los derechos y libertades, de la organización territorial del estado, del sistema de fuentes…

 

¿Y los demás ciudadanos? ¿Nuestros vecinos, padres, hijos y amigos?

Muchos aun recordarán el 23F, bastantes recordarán la transición, algunos vivieron la posguerra y, ya muy pocos, la guerra civil. Pero cada año que pasa, somos más quienes ni siquiera existíamos en ninguno de estos cuatro hitos históricos. Como mucho, algunos se habrán aproximado inmiscuyéndose en fáciles lecturas sobre anatomías de estos instantes.

Si nos trasladamos al otro lado del océano, no hallaremos a ningún ciudadano de Estados Unidos que estuviese cuando se votó el “We, The People”. En cambio, hoy nadie duda de que esta sea su Constitución. ¿Por qué, año tras año, los profesores de derecho constitucional tenemos que “justificar” nuestra Constitución, ante expresiones como “no es nuestra constitución porque no la votamos”?

 

En el workshop se debatió sobre ello. Y se señalaron varias cuestiones interesantes.

 

1   Crisis del derecho; crisis de valores

Efectivamente, si nos desplazamos a otras disciplinas del derecho, son muchos los elementos de fracaso que se comparten. Ello nos conduce a pensar en la crisis de la racionalidad. Hoy todo vale. Sin valores, ¿cómo pretendemos que sigan existiendo deberes morales como sería el de obedecer a la ley, por ejemplo?

 

2   Proyección del derecho constitucional

Durante la jornada quedó claro que somos muy expertos en derecho constitucional pero nada en comunicación ni marketing. No hemos sabido vender nuestra disciplina. Perdimos protagonismo y ha tenido que pasar lo que ha pasado para que alguien se acordase de nuestra existencia. Y ni siquiera así, pues los politólogos nos llevan años de ventaja.

El derecho constitucional está vivo, es dinámico, actual. Y así es como tiene que mostrarse siempre. Es necesario recuperar el protagonismo que nunca se debió haber perdido, proyectándonos más allá de nuestras asignaturas de derechos constitucional I, II y III. En este sentido, se señaló la importancia de nuestra presencia en grados como comunicación, periodismo y magisterio. Y, sobre todo, la presencia de nuestra disciplina  -aunque sea de forma transversal- en la educación secundaria. Pero, de nuevo, un interrogante: “¿qué se enseña y quién lo enseña?”

 

3   Principio de realidad

¿Hemos sabido adaptarnos a la realidad de nuestros estudiantes? ¿Qué hacemos para ver dónde están o de dónde parten nuestros alumnos? Se debatió sobre contenido esencial imprescindible a enseñar y nos lamentamos por el poco margen de maniobra del “sistema”. ¿Estamos ante un bachillerato jurídico? ¿Formamos simplemente a técnicos en derecho? Surgieron propuestas para ir más allá de los contenidos básicos de los planes docentes. Por ejemplo, la creación de seminarios paralelos y completamente voluntarios, para aquellos alumnos que quisieran profundizar en el derecho constitucional. También se propuso realizar un seguimiento de los alumnos una vez finalizados sus estudios en la universidad.

 

4   Metodología

Ella fue la gran olvidada. A veces pecamos de dejar al margen el contenido para centrarnos principalmente en metodologías pedagógicas. Otras veces, sucede al contrario. Y así fue, pues se dejó claro desde un principio que ese no era el objetivo de la jornada. Aun así, esta sería mi crítica, si es que tuviera que formular alguna. Aunque se habló de adaptarse a la realidad de nuestros alumnos, no se profundizó en este aspecto. Hubo un amplio consenso sobre el contenido a transmitir, ¿lo hubiera habido de igual forma si se hubiera hablado de metodologías? Seguramente, no.

 

 

Antes de finalizar, creo preciso realizar una última observación sobre la sesión de la tarde, en la que se debatió sobre la presencia de los constitucionalistas en el debate público: podemos ser sabios del derecho constitucional pero no saber comunicar ni desenvolvernos de forma óptima en un debate público. Para ello, sería necesario formación en este ámbito. Asimismo, ¿por qué en ningún momento se habló de la necesidad de formación para enseñar? ¿Nacemos siendo docentes pero no comunicadores?

 

 

Sin duda, ha sido una jornada muy productiva, en la que se lanzaron grandes preguntas con complejas respuestas que, entre otras muchas cuestiones, me reafirman en la necesidad de formarme como docente, ya sea a través del máster de docencia universitaria, como a través de otros cursos de formación.

 

Barcelona, 27 de enero de 2018

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